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al viaje
Cultura
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Quien decida posar sentidos, mente y fantasía en la historia y la cultura ...
... del Valle de Aosta, podrá recorrer ... El hilo del tiempo… se deja sugestionar por las vueltas del pasado, recorriendo tres itinerarios de época romana: la vía de las Galias, que se despliega por la vaguada, desde Pont Saint Martin hasta Aosta, así como sus bifurcaciones, una hacia el Alpis Graia (paso del Pequeño San Bernardo) y la otra hacia el Alpi Pennine (paso del Gran San Bernardo). Y si no, se puede explorar la célebre via Francigena. Más que una vía, una zona de calzada, según la definen los expertos. Un auténtico mosaico ideal que en la Edad Media unía tramos de calzadas romanas a lo largo de una alfombra invisible, un camino impregnado de espiritualidad, de Roma a Canterbury, donde cada enlace distaba un día de caminata del siguiente (30-40km). Cabe recordar que el teólogo y filósofo Anselmo de Aosta, célebre por la demostración que Kant definió como la “prueba ontológica de la existencia de Dios”, fue obispo de Canterbury desde 1093.
El camino de la fe,
las iglesias, los santuarios, las capillas, las cruces... se encuentran no sólo sobre las directrices romanas y medievales, sino que se
difunden como una metáfora de la espiritualidad a lo largo de calles y senderos secundarios, explorados por los peregrinos y elegidos como lugares de culto. En cada uno de ellos, ya sea marginal o significativo, los productos del arte religioso dejan entrever los secretos del pasado.
La marca del arte
… El arte sacro de Val d’Aosta tiene indudablemente un peso preponderante, aunque a veces se mezcla con otras fuentes de inspiración. Es difícil dar una forma geométrica bien definida a este recorrido, que vive de pulsiones creativas discontinuas dignas de ver y explorar. El viandante podrá optar entre diferentes formas expresivas que podrá custodiar en su memoria emocional: las escenas bíblicas mezcladas con figuras fantásticas de los capiteles historiados del claustro de San Orso… los frescos octonianos de San Orso y de la Catedral de Aosta… las estatuas de madera de los santos en los museos parroquiales
… el esplendor del arte orfebre en el reliquiario de San Grato… las “lunetas”, arcos en semiluna con frescos de escenas de la vida cotidiana en el castillo de Issogne… sin contar todas las colecciones expositivas de losmuseos
…
El “escenario de operaciones" de las fortificaciones
… los castillos valdostanos son testimonio de una historia feudal particularmente rica y de una continuidad histórica sugestiva: muchas construcciones medievales se apoyaron y elevaron sobre fuertes de la época romana; baluartes militares y moradas señoriales, puntos de control a lo largo de lugares de tránsito forzoso (son célebres el Fuerte de Bard
y el Castillo de Fénis
), perímetros y fachadas de estilos diferentes, armaduras... Vale la pena una visita no sólo por el interés cultural sino para dejarse impregnar por atmósferas mágicas, "puertas del tiempo" o pasadizos dimensionales para la imaginación.